Selección y adiestramiento del perro de terapia

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Un perro de terapia es el que está seleccionado, entrenado y adiestrado específicamente para integrarse dentro de un programa terapéutico o educativo como herramienta al servicio del profesional para alcanzar los objetivos marcados de una forma más rápida, todo ello encaminado a la mejora de la calidad de vida y la integración social de personas con discapacidad o necesidades especiales.

 

Valdrían para realizar terapia/educación asistida con animales todas las razas (incluidos los mestizos) pero, por un lado, no todos los individuos de la raza pueden ser aptos y, por otro, hay algunas razas más predispuestas que otras para que sean utilizadas en estas intervenciones, como por ejemplo el Pastor Alemán, el Labrador o el Golden Retriever.

 

Selección del animal

 

Hay varias pruebas de temperamento que se realizan a los animales. El test de Campbell, que se hace sobre las siete semanas de edad, va encaminado a prever el temperamento y su futuro carácter. Los resultados no son concluyentes ya que el comportamiento es una interacción compleja entre genes y medio ambiente, aunque sí que puede dar una idea de cómo será el cachorro.

 

Cuando es joven o adulto también se le puede realizar algunas pruebas del test de Liakhoff que hacen referencia a las sensibilidades y sus tipos junto a aspectos como la voluntad de complacer, miedos, adaptabilidad, etc. En cuanto a la adaptabilidad el animal, debe tener una capacidad alta o muy alta de adaptarse al ambiente sin cambiar su forma de trabajar y sentirse cómodo en el menor tiempo posible en nuevos entornos.

 

Respecto a las sensibilidades se valoran la mental, corporal, auditiva, visual y olfativa. Un buen perro para estos fines lo tendríamos en sensibilidades medias, es decir, perros equilibrados.

 

Además de todo lo anterior el perro tiene que ser totalmente predecible en su comportamiento. Tenemos que tener la certeza de que en el animal la probabilidad del comportamiento en circunstancias determinadas es alta o muy alta. Por ejemplo, el perro se debe de dejar manipular por cualquier persona, conocida o desconocida, sin que reaccione de forma agresiva y sin que haya limitaciones al respecto.

 

A Airon, mi Pastor Alemán de 39 kilos, en una sesión un chico con discapacidad intelectual moderada, con hipoacusia bilateral y problemas de obesidad (bien fuertote) me lo levantó del suelo y se lo puso encima de sus piernas en la silla en la que estaba sentado y el perro no tuvo reacción alguna. Lo anterior es una de las tantas cosas que nos podemos encontrar en una sesión de terapia, por lo que la predecibilidad en el animal es muy importante.

 

Por otro lado, en la selección del animal adulto hay que ver que no tenga problemas de comportamiento, entre ellos, agresividad tanto inter como intraespecífica, miedos o fobias, conductas anormales o estereotipias, entre otras; así como patologías, como por ejemplo la hiperactividad. Y por supuesto, que tenga una muy buena socialización.

 

Periodo de socialización

 

Es muy importante una buena socialización con el entorno, todo tipo de estímulos (cuantos más mejor), animales y personas. Este periodo sensible empieza en la cuarta semana y finaliza sobre la duodécima, pero puede variar dependiendo de la raza y el individuo; y se podrá comprobar que está finalizando cuando veamos que el cachorro tiene una reacción intensa de miedo frente a un estímulo desconocido, lo que suele ocurrir sobre los tres meses de edad.

 

Educación y habituación

 

La educación sería la primera de las fases del entrenamiento. Lo primero de todo, un perro debe saber comportarse y se le tiene que enseñar a jugar correctamente; su sitio para la comida, el recreo y el descanso; a no subirse encima de la gente; miccionar o defecar en lugar adecuado; pasear tranquilo sin tirar de la correa; etc.

 

Por ejemplo, mi perra Guinness se estrenó en los tres proyectos que llevamos en Ataaasafor con cinco meses y una semana de edad. La paseaban en el colegio niños y niñas con trastorno de espectro autista y en un centro con personas con discapacidad intelectual y la perra no tiraba de la correa.

 

La segunda fase del entrenamiento sería la habituación. Al animal hay que acostumbrarlo a los entornos terapéuticos y los materiales técnicos que se encontrará en los mismos como sillas de ruedas, andadores, muletas, bastones… También es bueno que se le acostumbre a los gritos, conductas de fuga, aleteo y palmeo de las manos que realizan niños o adultos que tienen autismo, porque todo eso son comunicaciones de fuerza pero nuestro perro no se las tiene que tomar como tales. Es más, no tiene que tener reacción alguna ante estos comportamientos.

 

Es imprescindible que al animal se le vaya habituando a que aguante otros comportamientos o acciones en las que se pueda ver en un futuro para que no le suba el estrés en las sesiones, como pueden ser: apretones en el hocico; tirones de la cola u orejas; caricias fuertes y con diferentes presiones (suele pasar mucho con personas que tienen parálisis cerebral); pisadas en la cola o las patas… Hay que pensar que algunas personas que tienen alguna discapacidad (por ejemplo discapacidad intelectual) son totalmente impredecibles y no se sabe cómo van a actuar ante la presencia del animal. La forma de hacerlo sería mediante el juego o bien mediante premios.

 

A mi perra Guinness, cuando le piso la cola o le aprieto el hocico (poco a poco y luego voy subiendo el nivel de presión) la premio, asociando estas pequeñas presiones con algo muy positivo como es el recurso primario de supervivencia (comida). Por otro lado, cuando tenía tres meses la volteaba poco a poco y la ponía boca arriba en la postura de sumisión y la iba premiando no para establecer jerarquía si no para que estuviera cómoda en esa postura y luego poder aplicarla con personas con parálisis cerebral que tienen espasticidad en sus miembros. Al tocar la barriga calentita de la perra se relajan y abren en segundos la mano, relajando así su espasticidad.

 

Adiestramiento y habilidades

 

El adiestramiento es la tercera fase del entrenamiento y se realizaría una vez el perro ha madurado sexualmente, lo que hace que tenga una ampliación en su capacidad de aprendizaje súbito. Aquí encontraremos a cachorros más avanzados que otros dependiendo de la raza (las tallas pequeñas maduran antes que las grandes), el sexo (la hembra madura antes que el macho) y el individuo.

 

Es muy importante que el perro tenga un adiestramiento a obediencia básica y si es avanzada mucho mejor. He visto algún video por Internet donde están trabajando en este tipo de intervenciones con perros que llevan puesto un halty (sobre todo en los paseos), que se utiliza cuando los perros tiran mucho de la correa. Bajo mi humilde opinión, está demás su utilización, primero porque el que no sepa lo que es un halty va a pensar que es un bozal ya que lo parece; y lo segundo, el que sepa lo que es va a pensar que los perros de terapia que lo llevan puesto no están bien adiestrados.

 

Dentro de las habilidades que se pueden enseñar al perro de cachorro o joven, tendríamos las siguientes: tocar un cono, pasar por aros, girar sobre sí mismo, ejercicio de cabeza abajo, cobrar objetos (coger y portar) y luego entregarlos, reverencia, etc. Cuantas más sepa hacer el animal mucho mejor. Con todos los anteriores ejercicios se pueden trabajar muchos objetivos en las sesiones de terapia o educación. Así tendríamos el de cabeza abajo, que se puede utilizar con personas que han sufrido violencia, se manda al perro a distancia bajo orden o señal del terapeuta y el animal apoya la cabeza entre las piernas de la persona cuando se encuentra sentada, dándole cariño y afectividad; y también con niños en los cuales se quiere fomentar la lectura, apoyando el perro la cabeza en su regazo o en una mesa acompañando al niño en la lectura de un libro o cuento.

 

En el aprendizaje de la educación, adiestramiento y las habilidades se tienen que utilizar los refuerzos positivos y los castigos negativos para ello. A un perro de terapia o que se vaya a utilizar en terapia no se le pueden aplicar castigos positivos o refuerzos negativos. De todas formas, sin quererlo, ya se lo aplicarán en las sesiones ya que recibirán algún pisotón o tirón de orejas o cola por parte de algún niño, joven o adulto. Sin ir más lejos, no hace mucho, a Airon le pisaron con una silla de ruedas eléctrica en una pata, durante una sesión, cuando estaba tranquilamente en la posición de echado… ¡esto sí es una aplicación de un castigo positivo!

 

Bienestar animal

 

Y ya para finalizar, hay que velar por el bienestar animal antes y después de las sesiones que se realicen, para poder obtener un mejor resultado en las mismas. La ausencia de estrés en el animal es de obligado cumplimiento a causa de que, por un lado, puede estar en peligro su bienestar ya que el estrés es acumulativo y, por otro, un perro estresado en una sesión podría fallar a la hora de realizar los ejercicios que se le piden, dificultando el buen desarrollo de la misma.

 

Por: Miguel Ángel Signes Llopis

 

Fuente: Argos.portalveterinaria

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