Una medicina sin efectos secundarios

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El CREA de Salamanca ha demostrado científicamente, por primera vez en España, el efecto beneficioso de las terapias con perros en las demencias.

La perrita labrador ‘Luz’ espera sentada tranquilamente la llegada del grupo de terapia y cuando los ve aparecer, inevitablemente mueve la cola a modo de bienvenida, un saludo que es correspondido por los usuarios del Centro de Referencia Estatal de Atención a personas con enfermedad de Alzheimer y otras demencias de Salamanca, CREA, del Imserso, que al instante también la reconocen y cariñosamente le dan una palmadita en la cabeza.

La sesión que llevan a cabo no es una más, sino que forma parte de un trabajo de investigación pionero en el país, desde un punto de vista científico y multidisciplinar, cuyos resultados acaban de presentarse y revelan como los animales preparados pueden tener beneficios clínicamente probados en personas con demencias.

Según explica la responsable de Investigación del centro, Elena González, aunque este tipo de terapias no farmacológicas ya se utilizan de forma experimental en algunos centros y asociaciones, el objetivo de este trabajo era medir de forma científica los beneficios que se veía que experimentaban los afectados por demencias, porque asegura que aunque parezca mentira, había una carencia de estudios formales en esta línea en el país, por lo que se trata de un trabajo pionero.

Avanzar en la investigación de terapias complementarias a las farmacológicas, continúa, es uno de los objetivos prioritarios con los que nació este centro de referencia estatal y por ese motivo decidieron comprobar si efectivamente esta terapia aportaba beneficios y si era así, cuales podrían establecerse de forma objetiva y cuantificable.

Para ello, se realizaron 24 sesiones durante tres meses, a razón de dos sesiones semanales de 45 minutos, en formato grupal, con cuatro grupos de cinco usuarios como máximo. La intervención se realizó a la misma hora, de 5 a 7 de la tarde y contaron con la participación de la experta en intervenciones asistidas por animales, Elisa Pérez y una auxiliar de clínica.

El grupo de intervención con Terapia Asistida con Perros, TAP, estuvo formado por 15 personas con demencia, usuarios de las unidades de convivencia y del centro de día, así como se estableció un grupo de control, formado por otras ocho personas, también procedentes de las mismas unidades, que participaron en otras actividades ofrecidas en el centro de día, durante el mismo horario.

En cuanto a la selección de los participantes del grupo de intervención, uno de los neuropsicólogos del centro, Enrique Pérez, detalla que se realizó teniendo en cuenta su interés por los animales y que además no tuvieran un historial conocido de miedo, alergias u otras enfermedades.

Menos estrés, más asertividad

Pérez relata que una de las características de las personas que sufren algún tipo de demencia es que tienen problemas de comunicación, a veces incluso “incapacidad” para hablar, así como tienden a mostrarse más apáticos que la población en general. De hecho, uno de los problemas que más les trasladan los familiares cuando los visitan, es el que apenas tienen temas sobre los que conversar, ya que el enfermo “no les cuenta nada” y se muestran muy ensimismados. El perro es en es este contexto un “estímulo”, un “instrumento motivador” con el que trabajar.

Por su parte, la terapeuta Elisa Pérez, apunta que Luz, en este caso, es un “mediador” que en ocasiones facilita reminiscencias, porque muchos de los participantes han tenido una mascota o proceden de un medio rural donde han convivido con animales y esto facilita la interacción entre ellos.

Además, se les anima a recordar esas experiencias y las órdenes con las que el perro trabaja en las sesiones. Ellos quieren obtener una respuesta por parte del animal y por eso se esfuerzan por recordar como hacer para que realice la actividad propuesta.

Aunque los usuarios del centro pasan mucho tiempo juntos y comparten diferentes acciones a lo largo del día, en ocasiones están uno frente a otro como si no se conocieran y esta actividad les da un punto de partida sobre el que dialogar. Por todo, ambos coinciden en que la terapia asistida con perros reduce el estrés y fomenta la asertividad.

Resultados

Sin embargo, a esta conclusión a la que se llega a través de la observación de la experiencia en sí misma, también se corrobora con datos objetivos. En el análisis estadístico sobre la tensión arterial sistólica y diastólica, comúnmente conocida como alta y baja, la terapia mostró un efecto significativo, ya que en el grupo TAP la media de la sistólica se situaba en 126,32 antes de la actividad y en 122,92 después de la misma. Sin embargo, las medidas en el grupo de control, realizadas a las mismas horas antes y después de realizar otras actividades, sitúan la presión arterial sistólica en 135,47 antes y 139,05 después. La diastólica en el TAP pre-tratamiento fue de 74,44 y post-tratamiento de 73,19, mientras que para el grupo de control las mediciones registradas fueron de 71,91 y 73,90, respectivamente. De este modo, para el grupo de intervención TAP se produjo una bajada de la tensión arterial mientras que para el grupo control no solo no bajó, sino que aumentó, lo que significa que tuvo un efecto “relajante” que no se produjo con otros programas.

También se analizó el nivel de agitación del usuario, a través del ‘Inventario de agitación del anciano de Cohen-Mansfiel (IAACM), que valora la frecuencia de 30 comportamientos agitados de la persona con demencia y se comprobó como durante la sesión no aparecieron ninguno de los comportamientos agitados que se mostraban con frecuencia en otros ámbitos y actividades

Asimismo, se experimentó una variación significativa en la escala NPT-ES, diseñada para valorar la experiencia de las personas con demencia mientras participan en intervenciones no farmacológicas y se comparó con los resultados del grupo de control.

Los participantes en las terapias con perros llegaron a una puntuación de 14,11, mientras que en otras actividades se llegó a los 11,78, con lo que se comprobó que esta terapia no farmacológica tiene una capacidad superior a otras actividades para promover la implicación de los usuarios y una experiencia positiva de la intervención, lo que a su vez podría explicar el que no aparecieran trastornos de conductas que normalmente si se producen en otras circunstancias.

El objetivo de esta investigación también era el de evaluar los efectos de la terapia asistida con perros en la función cognitiva y la capacidad funcional de personas afectadas por demencia, pero sin embargo el resultado en estas cuestiones no arroja datos significativos que verifiquen un resultado beneficioso superior a otras alternativas no farmacológicas.

Para medir esta cuestión, se utilizaron el índice de Barthel y el test breve ‘Mini Mental State Examination’ (MMSE) y aunque si se recogieron valores positivos, éstos no suponían una variación destacada para obtener afirmaciones concluyentes.

Después de los resultados obtenidos, el neuropsicólogo del centro confiesa que el interés es continuar trabajando en esta línea, introduciendo nuevas variables u otras formas de trabajo, como por ejemplo terapias individuales y personalizadas o intervenciones con los familiares del enfermo.

Esta idea surgió después de que uno de los usuarios de la terapia asistida con perros recobrara la ilusión por conversar con su familia, sobre su nuevo “amigo” y como ejemplo, Pérez recuerda que sus dos nietas hicieron los dibujos del perro al que también conocieron y con el que tuvieron la oportunidad de jugar. Para ellos, cambió la perspectiva, porque pasaron de “vamos a ver al abuelo que no nos habla” a “vamos a ver al abuelo para que nos cuente cosas de Luz”.

Un día de terapia

La terapia se inicia cuando los usuarios del centro van ocupando sus asientos en semicírculo. La terapeuta desarrolla con ellos pequeños ejercicios que consisten en dar órdenes a la perrita, Luz, para que las ejecute.

Entre ellos bromean y ríen. Por ejemplo, cuando toca el turno de “dispararla”, para que se haga la muerta. ¿Tienes la pistola cargada? le pregunta el terapeuta a uno de los participantes, Felipe D.L.T., quien enseguida apunta con el dedo Luz y a la voz de “pum, pum”, cae al suelo patas arriba.

Este hombre de edad avanzada reconoce risueño que él a los perros “los quiere mucho” y no puede evitar recordar alguna época mejor, cuando alguno de ellos formaba parte de su vida. Aunque tan solo tiene que decir una escueta orden, “sienta”, no puede evitar añadir algún comentario para que su amiga se sienta motivada como: “sino me enfado” o “ya no te doy más galletas”. Al final, reconoce resignado, que el labrador le hace caso “por aburrimiento”, aunque no se lo toma muy mal, todo lo contrario.

También participa en la sesión una mujer, Marcela M., quien detalla que esta perra en especial es su preferida e incluso tiene una foto con ella que se quiso llevar como recuerdo tras uno de sus encuentros. Hace muchos años tuvo una mascota con la que compartía sus quehaceres y cuando la recuerda con total nitidez, un cocker, apunta, le envuelve una sombra de tristeza, porque “murió” y eso le produjo un gran disgusto.

La terapia tiene un “más difícil todavía” que cada día arranca los aplausos de los asistentes. Vicente A., es el encargado de pedir a luz que abra una cajita para que traiga los calcetines que hay en ella. “Anda a buscar” es la orden que se le da para que uno a uno recoja los calcetines que después hay que emparejar y consciente de “lo lista que es”, bromea con sus compañeros y asegura que solo le falta “hacer el bachillerato”.

Luz, abrumada por tantas atenciones y premios, se sale de su papel por un momento, al descubrir en el bolsillo de uno de los usuarios un pañuelo, que intenta robar, provocando las risas de todas estas personas que durante casi una hora disfrutan de la compañía y el cariño que da un animal, aunque se trate de una investigación científica.

Fuente: Blog Miguel Angel Signes

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