Médicos de cuatro patas

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“Las personas que toman menos medicamentos, viven más años”. La frase es de un médico anónimo, pero dice mucho de la teoría vitalista que defiende el poder de la mente y del ánimo en la curación de enfermedades. Los beneficios de los fármacos y su influencia en la mayor esperanza de vida de las personas es innegable. Pero mirar a los ojos de ‘Tango’, un meloso perro de pelo cobrizo, cura cuerpo y alma.

‘Tango’ es uno de los 18 perros de la organización Yaracán, con sede en Madrid, pero presente en toda España y una de las más especializadas en la llamada TAA (Terapia Asistida con Animales). Autismo, demencia, parálisis cerebral, esquizofrenia o alzheimer son solo algunas de las dolencias que mejoran con estos médicos de cuatro patas cerca.

No todos nacen para ello. Se les entrena desde el primer año de vida. Tienen que extremar sus cualidades cariñosas. Se les somete a grandes situaciones de ruido y a la presencia de muchas personas. El objetivo, “que traten a cualquier persona como si fuera su dueño, y eso no lo hace cualquiera”, explican desde Yaracán. Confianza y cariño ciegos.

La Fundación Affinity es otra de las especializadas en estas terapias. Y defensora de sus grandes virtudes. Aseguran que estas terapias “reducen el colesterol y la tensión arterial o la posibilidad de supervivencia tras un ataque cardiaco o un derrame cerebral”. Y reducen el estrés, una de las ‘pestes’ del siglo.

Y todo esto, aunque más de moda últimamente, no es un invengo moderno. Ni siquiera de este siglo. El médico inglés William Tuke fue el primero en usar animales para terapias en 1792. Los llevaba a grotescos manicomios para alegrar a sus internos. Y funcionan en las situaciones más extremas: tras la II Guerra Mundial, la Cruz Roja empleó a perros de terapia para tratar a exsoldados traumatizados por los horrores vividos.

Pero no sólo los perros curan. El uso de caballos y su innegable beneficio sobre pacientes con autismo y la mejora de la movilidad en enfermos con parálisis parciales ha sido constatado por diversos estudios. La incidencia de los delfines en personas con depresión o niños con problemas de conducta es espectacular.

Aunque como en medicina, hay especialistas. Y todos los expertos coincidenen que aquí es el perro. Y dentro de asilos y prisiones, los perros vuelven a brillar: casi tanto como el resplandor que muchos expertos dicen ver brotar en los ojos de los internos cuando les visita “el doctor de cuatro patas”.

Fuente: Las Provincias

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