Animales de bata blanca

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Los perros, los caballos, y los delfines además de ser fieles y nobles animales, son los mejores médicos. La zooterapia, como se llama a la terapia asistida con animales, permite que niños y mayores mejoren en sus enfermedades tanto físicas como psicológicas, y logren superar retos que nunca imaginaron. El hecho de que los pacientes se lo tomen como un juego, contribuye notablemente en la motivación con la que participan en la terapia.

Existe el dicho de que el perro es el mejor amigo del hombre, y una muestra de ello es la continua colaboración que ha mostrado en trabajos de rescate, rastreo o como guía de personas invidentes. Debido a su apego por los seres humanos, resulta muy fácil adiéstralos para las terapias. La ‘caninoterapia’, como se conoce al tratamiento que se realiza con perros, resulta muy efectiva para niños con autismo y personas con Alzheimer. Para llevar a cabo estas sesiones se utilizan perros con un carácter dócil, generalmente golden retriver, labradores o pastores alemanes.

En el caso de niños con autismo, se ha comprobado que pierden el miedo y aumenta su confianza en si mismos. Son capaces de romper con las rutinas diarias establecidas y enfrentarse a lo desconocido sin llegar a alterarse. El perro les estimula su capacidad de comunicación, les enseña a fiarse, a socializarse y a tener apego hacia las personas de su entorno, así como a perder el miedo innato hacia los demás animales al comprobar que tenerles cerca no les provoca ningún daño, sino todo lo contrario. En investigaciones realizadas, se ha demostrado que tras varias sesiones los niños son capaces de tener un contacto visual repetido con el perro, e incluso son capaces de ponerle el collar ellos solos. En estos casos, el avance en la terapia depende del grado de autismo y de la capacidad que tenga el pequeño.

El uso de perros en personas con Alzheimer, es una terapia novedosa que ha ido ganando peso en los últimos años. El objetivo principal es la interacción entre el animal y el paciente, a partir de ahí todo es muy sencillo. Al mismo tiempo que se crean juegos y rutinas fáciles de recordar que ayudan a no olvidar conocimientos adquiridos en la niñez, como son los colores y los números, mejoran notablemente en su concentración y atención en las cosas que les rodean. Las sesiones duran aproximadamente una hora, y a medida que las semanas pasan, se aprecia una mayor relajación y capacidad de socialización.

Contacto directo con el animal

La ‘equinoterapia’, es otra clase de tratamiento que favorece a todos aquellos niños con síndrome de Down, parálisis cerebral, espina bífida o autismo. Gracias ella, es posible realizar movimientos multidimensionales (hacia arriba, hacia delante y lateral) que favorecen y mejoran el equilibrio, la coordinación y la musculación. Y es que el trote del caballo estimula los músculos y articulaciones que se mueven cada vez que una persona camina. Estas terapias pueden ser utilizadas también como estimulación precoz en niños de dos y tres años. En estos casos, la duración del ejercicio es menor, y los caballos permanecen tumbados.

Los buenos resultados que se tienen en las terapias con caballos, radica en la capacidad del animal de percibir las limitaciones físicas y psicológicas del jinete, así como de comunicarse con él creando un vínculo afectivo que permite al niño desarrollar su empatía hacia los que le rodean. Además, el contacto directo con el animal y la naturaleza es percibido por el pequeño como una actividad lúdica en la que no tiene que permanecer encerrado entre cuatro paredes, lo que le permite relajarse y disfrutar de la unión con el caballo.

Distintos estudios además de revelar la gran inteligencia que tienen los delfines, también han demostrado que son de gran utilidad en las terapias con niños autistas o síndrome de Down. ‘Delfinoterapia’, como se llama el tratamiento que se realiza con estos mamíferos, tiene la habilidad de ayudar a personas con discapacidad a mejorar sus relaciones con el entorno. El entorno y el hecho de contar con un compañero de diversión diferente, incita al niño a sumergirse en el agua y a participar en unos sencillos juegos que mejoran su capacidad de prestar atención.

La práctica de este tipo de terapias, se realizan en grupos reducidos, y durante 15 y 30 minutos en los que el niño entra en contacto con el delfín. Durante ese corto espacio de tiempo, el animal le trasmite las ondas ultrasónicas que van a parar a la columna, las manos o las plantas de los pies, beneficiando así el sistema nervioso de la persona. Es una manera fácil y sencilla en la que aprenden a concentrarse, a moverse y a manifestar su alegría.

Las investigaciones realizadas al respecto están demostrando la eficacia de la zooterapia, sin embargo los especialistas recuerdan que es importante señalar que la ‘caninoterapia’, la ‘equinoterapia’ y la ‘delfinoterapia’, son terapias complementarias a otros tratamientos clínicos. Por lo que no hay que dejar de seguir con los tratamientos tradicionales.

Por: Edurne Tapia

Fuente: LaRioja.com

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