Kira y Nora, trabajando el cerebro con el corazón

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El centro especializado en Alzheimer y enfermedades neurodegenerativas –CEDAEN– lleva a cabo una innovadora terapia asistida con animales como parte integral de un tratamiento diseñado para promover una mejora a nivel físico, psíquico, social, emocional, lingüístico y cognitivo de los pacientes.

Trabajar el cerebro con el corazón es la frase que mejor define la filosofía de Cedaen. “Los perros son increíbles y consiguen verdaderos milagros. Una persona que padece alzheimer o cualquier otro tipo de demencia reacciona al ver al perro, se conecta con ese momento presente y es capaz de hablarle y mostrarle cariño”. Con su terapia, María Molina consigue que personas a las que les cuesta sonreír, mostrar sentimientos o relajarse, lo hagan ante la presencia de unos animales que han sido preparados y entrenados para esta labor. “Con el perro uno no se siente juzgado, ante su mirada noble y sus gestos de amor sincero es mucho mas fácil abrirse a expresar esos sentimientos que a veces tanto cuesta sacar al exterior. Lo animales son un excelente vehículo de comunicación entre paciente y terapeuta, un estímulo grandioso para trabajar sin ser conscientes de ello, mejorando su estado físico, emocional y cognitivo”.

Dependiendo del caso a tratar, las sesiones de terapia son individuales o en grupo. En ellas se trabaja tanto el aspecto motor como el cognitivo, estableciendo un orden y unos ejercicios con el fin de conseguir los objetivos planteados. “Para trabajar con los perros da igual el grado de afectación del paciente, el gran abanico de ejercicios que podemos realizar nos da opciones para cada tipología”. En la terapia con perros se mima igualmente al paciente y al animal, “porque es muy importante que el perro disfrute con lo que hace y que todos, pacientes y animales, trabajen de una manera amena, sin ser conscientes de ello. Haciéndolo por medio de las emociones, de manera natural, conseguimos obtener los mejores resultados”.

Kira y Noa son las dos perras con las que María Molina lleva a cabo su trabajo. Ambas tienen cinco años y una bonita trayectoria como coterapeutas a sus espaldas. “Kira llegó a mi vida con mes y medio, regalo de un paciente al que aprecio muchísimo y no olvidaré jamás. Ella se caracteriza por la calma y paz que transmite, además de ser una compañera excepcional, siempre dispuesta para trabajar”. Noa tuvo un pasado algo difícil, afirma María. “La adopté con un año cuando se encontraba en una protectora de animales. Llegó llena de miedos, ya que sufrió malos tratos y abandono, pero tuve la gran suerte de que se cruzó en mi vida y desde que aquéllos ojos llenos de ternura me miraron por primera vez, no me he podido separar de ella; poco a poco recobró la confianza en el ser humano y siempre ha estado junto a mi. Con mucho esfuerzo fue superando sus miedos y convirtiéndose en una perra extrovertida y alegre. Hoy es una gran perra de terapia y lo pasa genial trabajando”.

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